lunes, 31 de agosto de 2015

RECORDANDO A RON WYATT QUE ENCONTRO Y ANALIZO LA SANGRE DE JESUCRISTO

Ron Wyatt era enfermero anestesista cuando en 1960 vio una fotografía del sitio arqueológico de Durupinar en la revista Life Magazine. El descubrimiento del sitio, formado por una estructura con forma de barco sobre una montaña cercana al Monte Ararat, causó una amplia discusión entre círculos cristianos evangélicos respecto a la posibilidad de que pudiera tratarse de los restos del Arca de Noé.
Impresionado por el descubrimiento, pero insatisfecho por las conclusiones a las que llegaban los científicos de aquel entonces, Wyatt comenzó su carrera de arqueólogo aficionado. Desde 1977 hasta su muerte de cáncer en Agosto de 1999, Wyatt hizo más de cien viajes al Medio Oriente. Sus investigaciones abarcaron una gran variedad de lugares y artefactos descritos tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.
Dentro de sus principales descubrimientos están:
El Arca de Noé, en el sitio arqueológico de Durupinar, ubicado a 18,25 millas al Sur del Monte Ararat.
La casa y las sepulturas de Noé y su esposa.
Los restos de Sodoma y Gomorra.
La Torre de Babel, al Sur de Turquía.
El lugar donde los israelitas cruzaron el Mar Rojo, ubicado en el Golfo de Aqaba.
Una cámara al final del laberinto de túneles bajo Jerusalén conteniendo varios objetos del Templo de Salomón.
El lugar de la crucifixión de Jesús.
El Arca de la Alianza y las piedras con los diez mandamientos.
Y la Sangre de Cristo, derramada sobre el propiciatorio del Arca de la Alianza bajo el supuesto lugar de la crucifixión.
En Jerusalén, Wyatt cavó en la propiedad de la Asociación Jardín de la Tumba cerca de la zona de la cantera de Sedequías y según sus palabras, cree que encontró el lugar de la crucifixión. Él logró entrar a un sistema de túneles y afirmó haber descubierto el Arca de la Alianza bajo el sitio de la crucifixión, a unos 5.90 metros Aproximadamente de la roca donde fue crucificado el Señor Jesús. Él también afirmó haber visto y tomar una muestra de la sangre seca de Jesús que había goteado abajo a través de una grieta que llegaba a la cámara donde se encontraba el Arca del Pacto y caer exactamente sobre el propiciatorio del Arca.
Aunque las autoridades responsables de los permisos para escavar en ese sector de Jerusalén, niegan que Wyatt haya realizado trabajos allí, muchas fotografías y videos realizados por Wyatt prueban que sí estuvo en ese lugar.  Las razones de negarlo, las serias repercusiones político - religiosas.
En 2005 y 2006 la fundación de Ron “Wyatt Investigación Arqueológica”, aportó fondos y mano de obra para una excavación profesional y con licencia del presunto lugar de la crucifixión y descubrió dos grandes cisternas circulares con 6 pies de paredes de fecha desconocida. Sin embargo no encontraron evidencia del Arca del Pacto. Pero, la excavación reveló evidencias de excavaciones previas y de que Wyatt sí había estado allí, verificando al menos su afirmación de haber entrado en ese túnel subterráneo.
Luego de un tiempo en su hogar y ciudad, Ron Wyatt tuvo tiempo para tratar de probarle a sus autoridades eclesiásticas sobre sus descubrimientos respecto al Arca del Pacto, y a un principio se entusiasmaron y lo apoyaban, sin embargo (cuenta Wyatt), pasados unos días, nuevamente se reúne con sus líderes religiosos y le piden que renuncie a sus derechos de autoría sobre sus hallazgos, y los transfiriera a Arqueólogos Profesionales de su denominación, a lo que Wyatt se niega rotundamente, a cambio de esto, le darían el puesto de pastor en una de las iglesias adventistas. Esta situación obliga a Wyatt, a alejarse de su congregación, pero sin dejar su amor a Dios y a la Biblia, prosigue su trabajo de Arqueólogo aficionado. Según Wyatt, las envidias de los arqueólogos egresados de universidades, y de práctica Adventista, querían que Wyatt les revelara los detalles de sus hallazgos y tomar ellos los laureles de los créditos en el mundo científico. Quizá de allí proviene la ola de descrédito que se empezó a gestar en todo lo que Wyatt realizaba como arqueólogo aficionado, tanto en el ámbito científico como en el cristiano.
Transcurría el año 1978, y Wyatt  regresa a Israel.  Él era acompañado por uno  de los responsables de autorizar las excavaciones en El Jardín de la Tumba, muy cerca de la Colina de la Calavera. Esta persona le pregunta en dónde quería Wyatt comenzar a trabajar, y sin estar consciente de su respuesta, inexplicablemente su brazo izquierdo le señala un lugar específico y le dice que “allí está la Cueva de Jeremías, y allí está el Arca del Pacto”.  El lugar señalado era un pequeño hueco en la roca que se había convertido en un basurero mal - oliente. El acompañante accede inmediatamente y emocionado le otorga los permisos respectivos y las facilidades para su estadía.
Este personaje conocía algo del trabajo de Wyatt, y le había invitado semanas antes, para que realizara investigaciones en Israel. Y aunque Wyatt, enfermo en aquella época, se tomó el tiempo necesario para recuperarse y luego regresar a Israel a realizar el trabajo de investigación.
Días después de estar trabajando en el área elegida, Wyatt no se explicaba cómo es que había señalado aquel lugar, pero sabía en su corazón que Dios lo había guiado de esa forma para encontrar “algo” allí. Esto era algo sobrenatural.
Tras realizar excavaciones y estudios en el área durante un buen tiempo (unos 3 años), Wyatt localizó rastros de gran importancia arqueológica. Utilizando un radar de tierra para “escanear debajo de la tierra”, notó que el aparato indicaba que había cuatro agujeros sobre una ladera del acantilado del Gólgota, comenzó a excavar toda esa área y finalmente llegó a la  base de roca sólida. Encontró efectivamente cuatro agujeros, 3 en una depresión inferior y uno en la parte superior, además de una enorme roca cortada en circunferencia que asemejaba a una puerta de roca, esta medía 13 pies de diámetro. Sobre el agujero superior había una tapa cuadrada de  roca desmontable, y debajo estaba el agujero, pero también descubrió una grieta a la par del agujero que se extendía sobre esa base de la roca.
¿Esta grieta podría haberse producido cuando el Señor expiró en la Cruz y luego del terremoto? Porque la Biblia dice que tras la muerte de Jesús, hubo un terremoto y las “rocas se partieron”
Cuenta Wyatt que, durante el paciente trabajo de desenterrar minuciosamente, hubo un momento de desaliento y sintió que su trabajo era infructuoso. Mientras descansaba un momento, escuchó una voz que le dijo “Dios te bendiga por lo que estás haciendo aquí Ron Wyatt”. Le extrañó que alguien le hablara por su nombre, pues nadie  sabía quién era él, ni lo que hacía en aquel lugar. Se dio vuelta para ver quién le hablaba y una allí estaba una persona desconocida, y respondió "gracias, es usted de por aquí" y el extranjero simplemente contestó, "No." De nuevo, Ron dijo, "es usted, un turista" y la persona contestó otra vez, "No." Y continuó diciendo, "He venido de África del sur y voy camino a la Nueva Jerusalén." Sintió un fuerte escalofrío, electrizante y vio que la persona se alejaba por el único camino que llevaba a ese lugar.  Reaccionó y caminó tras él, pero ya no lo pudo ver. Preguntó a los otros trabajadores si habían pasar a una persona, pero le dijeron que no. Con esa experiencia reconoció que Dios le estaba hablando y animando a continuar su trabajo.
Más adelante, cuenta Wyatt, prosiguió su trabajo de excavación en las partes inferiores del acantilado y se encontró con un sistema de cavernas. Pero el 6 de Enero de 1982, Su pequeño ayudante de origen egipcio escarbaba en los pequeños agujeros y se encontró con una caverna mayor. Luego de meter la cabeza en el pequeño agujero que conducía a esa caverna, dio un grito y rápidamente salió muy asustado diciendo: "Qué es lo que hay ahí! Qué es lo que hay ahí!". El hombre salió del sistema de cavernas muy apresuradamente y se negó volver a ese lugar, y luego de esa experiencia Ron nunca más supo del muchacho.
Más tarde logró agrandar el agujero de entrada y penetró a la caverna. Removió algunas tablas secas y descompuestas, y polvo. Luego de quitar el polvo notó que había pieles de animales cubriendo cosas brillantes debajo. Allí había muchos objetos los cuales reconoció inmediatamente, un objeto era la Mesa de los panes de Proposición de los tiempos de Moisés. También encontró el candelabro de siete brazos, una espada gigante (posiblemente de Goliat), un efod, el tabernáculo usado en el desierto, el altar del incienso junto con otras cosas.
Pero luego notó que allí había cuatro personas de aspecto joven y asombrado les preguntó quiénes eran, ellos respondieron “somos los ángeles que el Señor encomendó para cuidar el Arca del Pacto, desde que fue dejada aquí”. Asombrado y asustado por lo que estaba viendo, preguntó “¿Está el Arca del Pacto aquí?”, y los personajes le respondieron: “Sí, allí está”, señalando un montículo de piedras. Los ángeles le indicaron que quitara las piedras, y bajo de ellas encontró un cajón de roca, cuya tapa estaba quebrada. Los ángeles (que estaban sin alas) quitaron la tapa pues para Ron era muy pesada, y con gran asombro vio que allí estaba el Arca del Pacto. Era hermosa, brillante por el baño de oro que tenía.
Luego de reponerse de la emoción (y débil por la pulmonía que sufría en ese momento), los ángeles levantaron la tapa superior y observó que la tapa y los dos querubines eran de una sola pieza. Los querubines no estaban arrodillados sobre la tapa, sino más bien, estaban de pie a los lados del Arca y sólo una de sus alas (de cada uno) tocaba el ala del otro querubín. Adentró sólo estaban las tablas de la Ley que Dios había escrito, pero no estaban la copa con el maná ni la vara de Aarón. Los ángeles le dijeron que podía sacar las tablas de la Ley para que las palpara, y así lo hizo. Luego las dejó en su lugar. Pero los ángeles le dijeron que no podía sacar nada de ese lugar. Permaneció allí unos 45 minutos. Posteriormente la intentó fotografiar con una cámara polaroid, pero las fotos resultaron brumosas. Regresó con un colonoscópico, pero de nuevo las fotos resultaron brumosas.
Conforme pasó el tiempo, hizo varios viajes a Israel, y en cada oportunidad, iba ordenando las cosas para poderlas apreciar mejor. Pero esos 4 personajes sólo le permitían entrar únicamente a él. Wyatt, informó todo esto a su amigo que le había invitado a trabajar en aquel lugar y su amigo estaba entusiasmado, también les habló lo que los ángeles le habían dicho, que nadie podía entrar a ese lugar. Sin embargo, cuenta Wyatt, mientras él estaba en EE.UU. (en su casa), se enteró que el gobierno israelí había preparado a 6 u 8 personas descendientes de la tribu de Leví, para entrar en aquellas cuevas, sacar todo, y ponerlo en un lugar seguro (aunque las autoridades israelíes no habían informado nada a la opinión pública, era un secreto). Wyatt regresó a Israel inmediatamente y se enteró que efectivamente el gobierno israelí y una asociación de sacerdotes judíos habían preparado a unos levitas para sacar todo ese tesoro religioso y ponerlo en un lugar apropiado con fuertes medidas de seguridad. Sin embargo, se enteró que la expedición había fracasado. Los 6 u 8 levitas habían muerto misteriosamente a medio camino dentro del sistema de cavernas.
Al examinar los cuerpos, observaron una horrible expresión en sus rostros y la necropsia reveló que habían muerto de una gran hemorragia cerebral, y los vasos sanguíneos de sus ojos, prácticamente habían explotado. Parecía una película de terror. Las autoridades israelíes conmocionados sellaron el lugar hasta que Wyatt llegara a continuar el trabajo. No se tiene noticia que nadie más se halla atrevido a entrar en ese lugar, a excepción de este atrevido arqueólogo y sus hijos quienes le ayudaban en sus investigaciones, pero a la caverna donde se encontraba el Arca del Pacto, sólo Wyatt podía entrar.
Ron Wyatt dijo en algunas entrevistas que “Me preocupa no oír comentarios al respecto, aun cuando uno no es un profeta, pero aún no ha llegado el tiempo cuando el mundo esté listo para contemplar este descubrimiento con sus propios ojos”.
Mientras Wyatt examinaba los objetos sagrados y los detalles de la caverna, observó que en el techo de la cueva, exactamente sobre la parte donde estaba el Arca del Pacto, había una grieta y sustancia negra que parecía venir de adentro de la grieta. Esa misma sustancia negra estaba también sobre el arca. Él recordaba que en la Biblia dice que, cuando Jesús fue crucificado, su sangre había brotado de su cuerpo, incluso uno de los soldados había metido su lanza en uno de los costados del cuerpo del Señor. Además, el agujero que  él había descubierto en la parte superior de la cueva, y la grieta que estaba cerca de ese agujero, ¿no sería la misma grieta que él veía dentro de la caverna (en el techo)? ¿No será esa sustancia negra, vestigios de la sangre que Jesús derramó en la cruz y al llegar al suelo, se filtro en esa grieta de la roca y llegar hasta la caverna donde estaba el Arca?
Pidió a su ayudante que se fuera a la parte superior de la cueva, donde habían encontrado los 4 agujeros que servían como base para colocar allí las cruces. Wyatt desde abajo introdujo una cinta métrica de metal y la empujó hacia arriba y ¡SORPRESA! su ayudante observó en la grieta que estaba cerca de la base donde colocaron la cruz donde murió Jesús, que la punta de la cinta métrica salía. Al comunicárselo su ayudante, Wyatt quedó impresionado, ¡¡¡esa sustancia negra podría ser rastros de la Sangre de Jesús!!! Miles de ideas y pensamientos pasaban por su mente. La grieta desde el techo de la cueva hasta arriba, donde estaba el agujero de la cruz de Jesús, medía 5.90 metros Aproximadamente.
En ese momento se le aparecen nuevamente los ángeles dentro de la caverna y él les pregunta si esa sustancia que estaba sobre el Arca era la Sangre de Jesús, y ellos le responden que “Sí”. Además, ellos le dijeron que el Señor le autorizaba para que tomara una muestra de esa sustancia y que hiciera todas las pruebas que él considerara pertinente.
Ron Wyatt toma lo necesario de esa sustancia oscura para la muestra y ya en la ciudad (Jerusalén) pregunta dónde hay un laboratorio donde la puedan examinar, por supuesto, sin decirle a nadie de qué se trataba el asunto. Le indican qué laboratorio es el más avanzado en este tipo de pruebas, y pide que la analicen. Al ir a traer los resultados le indican que efectivamente es sangre humana con varios siglos de antigüedad. Wyatt pregunta si pueden realizar una prueba cromo somático, pero el ingeniero genético le indica que es imposible hacer ese tipo de prueba sobre sangre muerta, pues ya no hay glóbulos blancos. Nuevamente Wyatt pide que la hagan, sin importar qué tipo de resultado arroje. El ingeniero genetista acepta, y le pide que regrese un par de días después, mientras hacen el cultivo.
Wyatt regresa al laboratorio, y había solicitado estar allí presente cuando realizaran la prueba cromo somática. Luego de un tiempo, Wyatt observa que el ingeniero tenía actitudes de nerviosismo y asombro, pasados unos minutos llama a su jefe y llega la persona, se comunican en hebreo y Wyatt no entendía nada, hacen otra llamada y llega otra persona (el jefe de todo el laboratorio), y continúan comunicándose en hebreo, nerviosos y estupefactos hacen más y más pruebas. Wyatt se atreve a interrumpir la conversación de ellos y pregunta qué es lo que pasa. Uno de los ingenieros le pregunta de quién es esa sangre. ¿Por qué? Pregunta Wyatt. Y ellos le indican que increíblemente hay glóbulos blancos, la ¡¡¡SANGRE ESTÁ VIVA!!! Y eso es imposible para una muestra de sangre con dos mil años de antigüedad.
Wyatt les dice que esa sangre es de Jesús, el antepasado de ellos, el Mesías que ellos rechazaron hace dos mil años. Pues él encontró el lugar donde la sangre de Jesús fue derramada cuando lo crucificaron. Entonces los tres científicos del laboratorio le explican a Ron que toda sangre humana tiene 46 cromosomas: 23 cromosomas que otorga el óvulo y 23 que se encuentran en el esperma, y al unirse en la fecundación dan como resultado 46 cromosomas en total, que son los que todo ser humano tiene en todas las células de su cuerpo, incluyendo la sangre.
De esos 23 cromosomas, 22 cromosomas son “autosomas” (es decir genéricos donde están todas las cualidades que heredarán del padre y de la madre) y 1 cromosoma sexual (es decir, el que determina el sexo del bebé), uno otorgado por el padre y uno por la madre. Ese cromosoma sexual que otorga la madre por  medio del óvulo siempre será “X”, el cromosoma femenino; y el cromosoma sexual provisto por el esperma puede ser “X” o “Y”; es decir que hay espermas con cromosoma sexual “X” que hará que nazca una niña, y hay espermas con cromosoma sexual “Y”, que hará que nazca un niño.
Sin embargo, esto es ¡¡¡LO ASOMBROSO Y SOBRENATURAL!!! esa sangre examinada por los tres ingenieros genéticos, contenía los 23 cromosomas de la mamá, es decir de María (la madre humana de Jesús); pero por parte del papá, sólo estaba el cromosoma sexual “Y”, los otros 22 cromosomas paternos NO ESTABAN en la muestra. La muestra sólo tenía 24 cromosomas de los 46 que debería tener. Y eso es lo que los científicos no podían entender cómo era eso posible.
Wyatt les explica que él si lo comprende, porque la Biblia dice que Jesús era y ES  Hijo de Dios. Entonces, José el padre “criador” de Jesús, no tuvo ninguna participación en la fecundación del óvulo que trajo a Jesús al mundo, sino había sido como la Biblia lo dice, por la “OBRA MARAVILLOSA DEL ESPÍRITU SANTO” La semilla que “implantó” el Espíritu Santo en el óvulo de María sólo contenía el cromosoma “Y” que haría que el nuevo Ser fuera Varón, pero no contenía los otros 22 autosomas, los que le dan “información” al nuevo ser de las características que heredará del padre. ¿Qué características? Si Dios no tiene forma ¿qué rasgos o caracteres ligados a una fisonomía humana y visible? Si Dios no tiene materia, es INVISIBLE al mundo material, a menos que Él quiera manifestársele.
El apóstol Pablo reconoce y le fue revelado que Jesús es Rey, es Inmortal, es Invisible, y es DIOS. Por eso no se encontraron los 22 autosomas que le dan las características a los humanos de parte del padre, pero no al Hijo de Dios, porque Dios no tiene forma, Jesús es Dios.
Wyatt también dijo que estos científicos israelitas que realizaron las pruebas a la sangre de Jesús, sus vidas cambiaron a partir de allí. Por supuesto, mantuvo en secreto el nombre del laboratorio y de estas tres personas, pues aún es peligroso que la comunidad israelita judía (que practica  la “religión” judía) sepa quiénes van tras otra fe diferente a la suya.  En la actualidad, aún es prohibido predicar de Jesús y su gracia salvadora en las calles de cualquier ciudad en Israel, hay cárcel por ese “delito”.
Desde que Ron Wyatt hizo este descomunal descubrimiento hasta su muerte (1999), nunca se dejó manipular por sus detractores, ni de sus “colegas” de ciencia y de espiritualidad que quisieron desprestigiarlo por el simple hecho de sacar a luz una gran verdad escondida durante dos mil años bajo la Colina de la Calavera, y que Dios permitió que hasta en 1982 un sencillo hombre de escasa ciencia  (universitaria), pero con una fe inquebrantable basada en la Palabra de Dios, continuara afirmando que  la Sangre de Jesucristo seguía predicando  (por sí sola) que Jesucristo es Dios, hoy y por toda la eternidad. Hasta el último día en su lecho de muerte, Ron Wyatt nunca negó haber encontrado el Arca del Pacto  (o de la Alianza) y los restos de la Sangre de Jesús.
Me parece impresionante esta historia de Ron Wyatt, y la valentía de sostener todo lo que él decía haber encontrado.  Aunque aportó gran cantidad de evidencias en todo su trabajo de arqueólogo aficionado, quizá  (a mi juicio), sus aportes sobre el Arca del Pacto y la sangre de Jesús, sea lo más importante de toda su carrera.

1 comentario:

  1. ¿Solo fué testigo Wiatt?¿Que pasó con los otros testigos del laboratorio?¿y la sangre?
    ¿Hubo más análisis?
    Un saludoo y gracias.

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